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15 octubre, 2015 Comentarios (0) Visitas: 27174 Destacados, Para ti, Sentirte bien, ¿Hablamos?

Frío o calor: ¿Qué lesiones y contracturas tratamos con calor?

Metidos de lleno en el otoño, podemos decir que prácticamente todos hemos vuelto a nuestra rutina. Al colegio, al trabajo, a las idas y venidas y a un sinfín de tareas que todos llevamos a cabo a lo largo del día. Para afrontarlas con ánimo, necesitamos una buena dosis de energía y, sobre todo, sentirnos bien. Sin embargo, esto no siempre ocurre.  A veces, una mala postura ante el ordenador, un mal gesto al recoger o el estrés acumulado durante la semana nos puede acabar pasando factura, en forma de contractura. El dolor muscular en la espalda, especialmente en la zona cervical, es más frecuente de lo que nos gustaría y lo padecemos muchos en algún momento de nuestra vida. Y lo mismo ocurre con la lumbalgia.

¿Sabías que simplemente practicando algunos estiramientos simples contribuyes a prevenir muchas de estas molestias? Los movimientos suaves de yoga o de pilates son un buen ejemplo. En la infografía inferior te mostramos algunos de los ejercicios más habituales que estas disciplinas nos proponen para prevenir las contracturas y aumentar nuestro bienestar.

 

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Cuando la contractura ya se ha producido, la terapia con calor nos proporciona alivio y contribuye a la recuperación. Podemos aplicarla en nuestro propio domicilio con, por ejemplo, una almohadilla eléctrica o una manta eléctrica.

¿Qué dolores podemos aliviar con calor?

  • Artrosis cervical
  • Lumbalgia
  • Reumatismos
  • Ciáticas
  • Dolores menstruales
  • Traumatismos
  • Tendiditis
  • Dolencias dorsales
  • Codo de tenista

El calor permite relajar la musculatura y ayuda a aliviar la contractura que tanto nos molesta. ¿Qué efectos tiene?

  • Produce una dilatación de los vasos sanguíneos y esto provoca un aumento del flujo de sangre en la zona donde lo aplicamos. Este fenómeno tiene un efecto analgésico, por lo que la intensidad del dolor se mitiga.
  • Provoca también una relajación muscular, y reduce la presión arterial.

¿Cómo aplicamos el calor?

Hay distintas formas de aplicar el calor, desde la tradicional bolsa de agua caliente al saquito de semillas calentado en el microondas y, por supuesto, las almohadillas eléctricas. Todos ellos contribuyen a aplicar calor en la zona y aliviar el dolor.

El calor seco, como el que producen las mantas eléctricas o las almohadillas terapéuticas, son una buena opción para aliviar la espalda en nuestro propio hogar.

¿Cómo utilizarlas?

  • Aplicar el calor a última hora del día, y si es posible en más de una ocasión, para notar una mejoría.
  • Cada sesión de calor debe durar entre 10 y 30 minutos. Es mejor aplicarlo de forma discontinua y dejar un tiempo de reposo entre una y otra.
  • El calor debe ser agradable. La temperatura demasiado elevada, aunque es perseguida por algunas personas, en realidad es contraproducente, ya que contrae el músculo y ejerce un efecto contrario al perseguido.

Tengo molestias en el cuello, ¿Qué puedo hacer?

Si eres estudiante y pasas muchas horas enfrascado en tus apuntes sobre un escritorio es probable  que tengas molestias cervicales. También si trabajas frente a un ordenador en una mala postura o sufres estrés por distintos motivos. Los músculos que rodean las vértebras cervicales pierden flexibilidad y se vuelven rígidos y eso produce malestar, e incluso mareos o dolores de cabeza.  Te damos unos consejos para aliviar estos dolores:

  • Aplica calor seco en la zona, con una almohadilla terapéutica. Puedes hacerlo en varias sesiones cortas al día, de entre 10 y 30 minutos de duración, con intervalos de 2 o 3 horas entre sesiones. Si esto no es posible, reserva media hora para una sesión al final del día, ya que contribuirá a la relajación de la zona antes del descanso.
  • Acude al fisioterapeuta si el dolor es muy intenso.
  • Practica estiramientos y ejercicios de relajación al principio y al final del día para aportar movilidad a la zona.
  • ¡Y la regla de oro! Una vez que hemos aliviado el dolor, conseguir que no vuelva a aparecer. Corregir malas posturas, cambiar la almohada, afrontar los desafíos con calma y hacer ejercicio. Con la actividad física, fortalecemos los músculos y somos más resistentes a sufrir dolor muscular.

¿Qué hacer ante una lesión muscular?

Si el dolor se debe a una lesión sufrida mientras practicábamos un deporte, debemos saber que no es conveniente aplicar calor en un primer momento. En estos casos, se recomienda aplicar frío para inhibir el dolor y evitar la inflamación en la zona.

Transcurridos unos días, podemos aplicar calor para facilitar la recuperación o, incluso, antes de realizar los estiramientos, previos a un entrenamiento.

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